EL FENÓMENO PINOCHO
La mentira puede ser un riesgo en las negociaciones. En las tribus, las bandas de cazadores que eran consideradas como estándar social, si eran descubiertas en alguna mentira, perdían credibilidad para su comunidad.
Como nuestros ancestros eran primates inteligentes, de ideas sabias, llegó un momento en que advirtieron estos peligros y aprendieron a ser más conscientes
de sus propias mentiras.
de sus propias mentiras.
La complejidad social impulsó a nuestros ancestros a convertirse en seres más inteligentes, negociadores y manipuladores, lo que significa que los seres humanos somos mentirosos por naturaleza.
Esto creó un nuevo problema: los malos mentirosos se ponen nerviosos. Como Pinocho, se delatan por movimientos no verbales involuntarios. La evidencia experimental indica que los humanos tienden a hacer inferencias sobre el estado mental de otros a partir de la mínima exposición de información no verbal. Como algún día expresó Freud: «Ningún mortal puede guardar un secreto. Si sus labios guardan silencio, habla con sus dedos; la traición es exhalada por cada uno de sus poros». En un esfuerzo por sofocar nuestra creciente ansiedad, elevamos automáticamente el volumen de nuestra voz, nos ruborizamos, sudamos, tocamos nuestra nariz o hacemos pequeños movimientos con nuestros pies.
Los biólogos proponen que la función de mentirnos a nosotros mismos es más fluida que la de mentir a otros. La primera nos ayuda a mentir sinceramente, sin saber que estamos mintiendo, sin alguna necesidad de pretender que decimos la verdad. Por tanto, una persona que se miente a sí misma dice la verdad según su propio conocimiento, y creerse sus propias historias, le ayuda a ser más persuasivo.
Por supuesto, esta teoría sobre mentirse a uno mismo no es absoluta. A veces también nos mentimos de forma consciente y nos damos cuenta de ello, pero
nos negamos con necedad a explicarnos ciertas cosas a nosotros mismos. Sabemos que las historias que nos decimos no afectan nuestro comportamiento ni nos ponen en evidencia con señales físicas como el aceleramiento del corazón o las manos sudadas que demuestran nuestro estado emocional. En otros casos, sin embargo, somos inconscientes de nuestras mentiras.
nos negamos con necedad a explicarnos ciertas cosas a nosotros mismos. Sabemos que las historias que nos decimos no afectan nuestro comportamiento ni nos ponen en evidencia con señales físicas como el aceleramiento del corazón o las manos sudadas que demuestran nuestro estado emocional. En otros casos, sin embargo, somos inconscientes de nuestras mentiras.
Como vemos, la perspectiva biológica nos ayuda a entender por qué los mecanismos de cognición para mentirnos a nosotros mismos embonan tan delicada y silenciosamente: de un modo astuto e imperceptible nos envuelven de pronto en actuaciones tan bien construidas, que el acto parece completamente sincero, aun para los propios actores.
Me gustó la frase de Freud, y es cierto que hacemos todo eso cuando nos ponemos nerviosos, no solo al mentir
ResponderEliminarnya, ya lo sabia :B
ResponderEliminarno sabia eso
ResponderEliminares cierto a los malos mentirosos se les nota de inmediato y eso de que ninguna persona puede guardar un secreto es bastante cierto y también me parece muy interesante eso de que abecés no queremos ver a realidad de las cosas
ResponderEliminar