miércoles, 14 de noviembre de 2012

Mentiras

¿POR QUÉ MENTIMOS Y POR QUE SOMOS TAN BUENOS PARA HACERLO? POR QUE MENTIR NOS FUNCIONA

Aquí les dejo un vídeo acerca de las mentiras para que se tiren un ROFLMAO(osease reirse mucho)



Personas que lo están leyendo gracias a un error de mi computadora se me borro mucho y lo puse alrevez así que perdón por lo feo y lo mal que me quedó. Los amo excepto a ti, si tu el que lo estas leyendo y también el que no lo leyó:3

EL FENÓMENO PINOCHO


EL FENÓMENO PINOCHO

La mentira puede ser un riesgo en las negociaciones. En las tribus, las bandas de cazadores que eran consideradas como estándar social, si eran descubiertas en alguna mentira, perdían credibilidad para su comunidad.
Como nuestros ancestros eran primates inteligentes, de ideas sabias, llegó un momento en que advirtieron estos peligros y aprendieron a ser más conscientes
de sus propias mentiras.
La complejidad social impulsó a nuestros ancestros a convertirse en seres más inteligentes, negociadores y manipuladores, lo que significa que los seres humanos somos mentirosos por naturaleza.
Esto creó un nuevo problema: los malos mentirosos se ponen nerviosos. Como Pinocho, se delatan por movimientos no verbales involuntarios. La evidencia experimental indica que los humanos tienden a hacer inferencias sobre el estado mental de otros a partir de la mínima exposición de información no verbal. Como algún día expresó Freud: «Ningún mortal puede guardar un secreto. Si sus labios guardan silencio, habla con sus dedos; la traición es exhalada por cada uno de sus poros». En un esfuerzo por sofocar nuestra creciente ansiedad, elevamos automáticamente el volumen de nuestra voz, nos ruborizamos, sudamos, tocamos nuestra nariz o hacemos pequeños movimientos con nuestros pies.
Los biólogos proponen que la función de mentirnos a nosotros mismos es más fluida que la de mentir a otros. La primera nos ayuda a mentir sinceramente, sin saber que estamos mintiendo, sin alguna necesidad de pretender que decimos la verdad. Por tanto, una persona que se miente a sí misma dice la verdad según su propio conocimiento, y creerse sus propias historias, le ayuda a ser más persuasivo.
Por supuesto, esta teoría sobre mentirse a uno mismo no es absoluta. A veces también nos mentimos de forma consciente y nos damos cuenta de ello, pero
nos negamos con necedad a explicarnos ciertas cosas a nosotros mismos. Sabemos que las historias que nos decimos no afectan nuestro comportamiento ni nos ponen en evidencia con señales físicas como el aceleramiento del corazón o las manos sudadas que demuestran nuestro estado emocional. En otros casos, sin embargo, somos inconscientes de nuestras mentiras.
Como vemos, la perspectiva biológica nos ayuda a entender por qué los mecanismos de cognición para mentirnos a nosotros mismos embonan tan delicada y silenciosamente: de un modo astuto e imperceptible nos envuelven de pronto en actuaciones tan bien construidas, que el acto parece completamente sincero, aun para los propios actores.

MENTIRNOS A NOSOTROS MISMOS

MENTIRNOS A NOSOTROS MISMOS

La hipótesis sobre la inteligencia maquiavélica sugiere que la complejidad social impulsó a nuestros ancestros a volverse progresivamente más inteligentes y a incrementar su capacidad de trato y convivencia, así como la de salir de apuros. Esta compleja coreografía social nos remite a nuestra vida actual. La mentira facilita la interacción social, ayuda a manipular a otros y también a hacer amigos. Al mismo tiempo, hay una correlación entre la popularidad y la habilidad de mentir: falsificamos nuestro curriculum para conseguir mejores empleos, plagiamos ensayos para obtener mejores calificaciones y le tomamos el pelo a nuestras potenciales parejas sexuales. Con frecuencia, la mentira ayuda a conseguir éxito profesional, social y económico.

Irónicamente, una de las razones primordiales por las que mentimos a otros es por que somos buenos mintiéndonos a nosotros mismos. Aunque normalmente señalamos a otros cuando nos mienten, nos quedamos sorprendidos de nuestra propia falsedad. Las experiencias en que somos víctimas de la mentira quedan tatuadas en nuestra memoria, pero no nos damos cuenta que se desliza con mucha facilidad desde nuestro labios.

El extraño fenómeno de mentirse a uno mismo ha dejado perplejos a filósofos y psicólogos por más de dos mil años. La idea de que alguien pueda mentirse a si mismo suena si sentido. Pero su carácter paradójico viene de la idea, formalizada por el francés René Descartes en el siglo XVII, de que la mente humana es transparente para su dueño y que la introspección ayuda a comprender mejor nuestra actividad mental. Aunque esta perspectiva puede parecer evidente para muchos de nosotros, realmente suele ser malentendida.

PASAPORTE AL ÉXITO


PASAPORTE AL ÉXITO

Las investigaciones actuales se centran en aquellas mentiras en las que, literalmente, se dicen cosas que no son ciertas. Pero nuestro fetichismo va más allá: también mentimos por omisión y con otros giros muy sutiles. Mentimos en otras muchas formas no verbales: usamos maquillaje, artículos para el cabello, cirugía cosmética, ropa y otras formas de adornos y fragancias, para disfrazar nuestra verdadera apariencia y nuestro olor corporal. Lloramos lágrimas de cocodrilo, fingimos orgasmos y decimos frases falsas, como «que tengas bonito día». Además, la mentira verbal es sólo una de las muchas formas de mentir.

Pero la pregunta es: ¿por qué mentimos? Y su respuesta es: porque funciona. Los Homo sapiens que fueron mejores para mentir obtuvieron ventaja sobre otros en la implacable lucha para el éxito reproductivo. Como humanos, debemos acoplarnos a un sistema social determinado para alcanzar el éxito, y nuestra mejor arma es destacar, diferenciarnos; mentir ayuda en esa tarea. Y mentirnos a nosotros mismos —un talento construido por nuestra mente— nos ayuda a aceptar este comportamiento fraudulento; pero si esta verdad le incomoda, querido lector, quizá esté más tranquilo al saber que no somos la única especie que miente.

¿Por qué mentimos?


Everybody lies.
-Todo el mundo miente-
Dr. House 

El mentir es, sin duda, un elemento intrínseco de la naturaleza humana. Desde la literatura, con el astuto Ulises, de la Odisea de Homero, hasta las más importantes novelas y películas de nuestros días, los argumentos siempre involucran el engaño de alguna manera. Quizá estas historias nos resultan interesantes porque la mentira domina la vida humana.


Mentir es una habilidad que crece en lo más profundo de nosotros, y que utilizamos con regularidad. Como escribió el escritor estadounidense Mark Twain hace más de un siglo: «Todo el mundo miente, todos los días, a cada hora, dormido, despierto, en sus sueños, en su alegría, en su duelo. Aun con la boca cerrada, sus manos, sus pies, sus ojos y su actitud se convertirán en una mentira». La mentira es una condición inherente a los seres humanos.